
OBRIGADO DON JOSÉ
Tristes quedan las palabras por la muerte del maestro José Saramago, portugués, poeta, novelista, iberista, Premio Nobel de Literatura en el año 1998, Premio Camoes. “Murió en compañía de su familia, diciendo adiós de un modo sereno y plácido” dijo la web de su Fundación. Hombre de bien aunque la iglesia oficial no se haya expresado de este modo.
Leí que el abuelo de José Saramago cuando sabía que iba a morir se abrazaba uno a uno a los árboles de su huerto para despedirse. Yo abrazo tus palabras y tus libros José Saramago para no despedirme de ti.
EN LA ISLA A VECES HABITADA
En la isla a veces habitada de lo que somos,
hay noches, mañanas y madrugadas en que no necesitamos morir.
En ese momento sabemos todo lo que fue y será.
El mundo se nos aparece explicado
definitivamente y entra en nosotros una gran serenidad, y se dicen las palabras que la significan.
Levantamos un puñado de tierra y la apretamos en las manos. Con dulzura.
Allí está toda la verdad soportable: el contorno, la voluntad y los límites.
Podemos en ese momento decir que somos libres, con la paz y con la sonrisa de quien se reconoce y viajó alrededor del mundo infatigable, porque mordió el alma hasta sus huesos.
Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros como el agua, la piedra y la raíz.
Cada uno de nosotros es en este momento la vida.
Que eso nos baste.
Poema del libro Provavelemente alegría, 1985