viernes, julio 21, 2006




Paseo tu suave caricia
con el roce de mi ser,
piso pisadas abandonadas
al arrullo de tus olas,
escucho a lo lejos el rumor
intemporal de tus espumas.


No puedo dejar de pensar en otros paseos muy distintos que, estos días pasados, por aguas mediterráneas, habitaron personas en medio de un mar de nadie y a la espera de ser repartidos o repatriados, en un mercadeo que resultaba cuando menos agobiante desde fuera y muy inhumano desde dentro.
El mar no es el mismo para todos.

3 comentarios:

Tomás dijo...

Mañana dejaré en mi blog un artículo al respecto.
Sí, otros han sido los paseos y otros los versos que sugirieron. La destrucción del hombre por el hombre, en este universo de categorías humanas, parece imparable
Saludos

gaia56 dijo...

Es bastante pesimista el término imparable... pero tal vez tengas razón.
Saludos

Esther dijo...

¡Sin duda!