
Volvemos a la cotidianeidad de cada día…
“Se había levantado, así, envuelta en la frazada, y estaba junto a la ventana, mirando llover. Me acerqué, yo también miré cómo llovía, no dijimos nada por un rato. De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la dicha”. Desde que leí La tregua de Mario Benedetti tengo grabada esta frase en la memoria y creo que en estas cuatro líneas describe lo que es la esencia de la búsqueda de la felicidad en esta vida.
Estas fiestas han acabado para mi y esta tarde disfrutando de un atardecer en los alrededores de Gijón, recordé (recordar, volver a pasar por el corazón, dice Eduardo Galeano) este sentimiento, tuve la sensación de que la vuelta a la normalidad era la dicha. Disfruté mucho el momento.
Aunque no siempre parece la tregua de la vida tan dulce como la plantea Benedetti en su novela, esta vuelta a la normalidad del nuevo año rota por la violencia, nos ha dejado en la dura realidad, de la que salvamos gracias a la cercanía de los amigos que nos rodean, gracias a los impulsos sostenidos que procuramos, a los atardeceres que se nos ofrecen, a la superación que intentamos y al aprendizaje en el que nos embarcamos… cada día.
La fotografía está sacada en uno de mis sitios favoritos para disfrutar los atardeceres en Gijón, el parque del Cabo San Lorenzo.