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viernes, abril 10, 2009


Tres horas con Francis Bacon en el Prado y una con Julio González en el Reina Sofía

Gozar durante tres horas de la pintura de Francis Bacon en el Prado me descubrió hermosos cuadros de gran formato. Creo que Bacon deseaba hacernos vivir el concepto más carnal de la contemplación de nuestras vidas, sus plásticas deformaciones en las imágenes sacando a la luz las flaquezas del cuerpo humano, el hombre animal, el hombre lobo para el hombre, la angustia de quién vive ahogado en su propio entorno y sus pasiones, las luchas, sentimientos y tensiones entre su interior y el mundo que le acordona y amordaza.

Buen ejemplo son las obras a partir del retrato de Velázquez al papa Inocencio X y su serie de hombres azules en los que demuestra su capacidad para hacernos revivir las soledades y los sentimientos interiores en forma de grito, el gran grito de explosión interior en el que nos apoyamos no pocas veces en nuestra vida. La imagen humana cercada por su propio contexto, atrapada en la propia red, el hexágono de realidad, las bocas abiertas, sus músculos deshaciéndose más o menos descarnados y los dientes en bocas abiertas y a flor de piel refuerzan aún mas esa idea.

Me gustaron especialmente dos retratos de pequeño formato, El estudio para retrato según mascarilla de Willian Blake vivo de 1955, por el color rosado de la carne transparente, casi traslúcida, la desnudez manifiesta en sus gestos casi abotargados sobre fondo negro y, muy especialmente, los Tres estudios para un retrato de Georges Dyer de 1963 de los que hice el pequeño boceto del que os muestro la fotografía.

Solamente las tres Crucifixiones de esta exposición a modo de grandes trípticos laicos para mi merecieron esta vista al Prado.

No sabía de la influencia de la literatura en la obra de Bacon, especialmente el poeta T.S. Elliot y su obra La tierra baldía que inspira dos grandes válvulas de explosión sensual, un gran Tríptico y el Tríptico inspirado en el poema Sweeney Agonistes de 1967.


“Nacimiento, copulación y muerte y a ello se desciende cuando se trata de la esencia de la vida”, nos dice Bacón y continúa “Se es consciente de que todo tiene nueve décimas partes que no son esenciales”.

Soy consciente que ya he superado la décima parte de lo que quería contaros, y añado que la exposición también se muestran algunas fotografías e imágenes de las que tomaba Bacon su inspiración y a las que utilizaba como modelos para sus obras.

En el Reina Sofía las esculturas de Julio González, 1876 – 1942, es también una interesante opción. Puesto que el día iba de gritos interiores, cabe destacar la cabeza de Monserrat gritando, escultura que presidía la entrada al pabellón español de la famosa Exposición Universal de 1937 en París.

Las cervezas y tapas en Huertas al atardecer y las risas y sonrisas cómplices y doradas completan casi lujuriosamente el día en Madrid.



La fotografía os decía que está tomada de un apunte que realicé sobre la marcha de Tres estudios para un retrato de Georges Dyer.

domingo, marzo 25, 2007







TINTORETTO, HOY EN MADRID.
24 de marzo de 2007. Museo del Prado.

Asciendo lentamente una cola en escalera, hace frío a la sombra de Madrid, aunque son las dos y media de la tarde. En lo alto un fino arco de luna compite con el astro rey, el sol. El repiqueteo constante de los coches y sirenas me impiden concentrarme, me preparo para el goce interior.

¿Qué sé yo de Tintoretto? Leo que se llamaba Jacopo Comin, alias Robusti, alias Tintoretto, y que vivió entre 1518 y 1594. Sé que pintó muchos y grandes cuadros para las Iglesias de Venecia, para la escuela de San Rocco, para el Palacio Ducal. Este maestro veneciano, es para mí un maestro de las perspectivas, del color, un maestro de los paisajes humanos e interiores, de los escorzos, de las atrevidos desnudos femeninos. Entretenida en estos pensamientos se me acortaron los veinte minutos de espera, prólogo de dos horas de goce del detalle de sus cuadros pacientemente accesibles a la lenta mirada. Nos saluda y nos despide el Tintoretto de dos autorretratos, juventud y madurez y, en ellos, en su mirada, queda recogido todo un tratado de vida humana.

Encuentro potente y dominando la sala el cuadro de El lavatorio de pies, pero esta vez enfrentado a la Última cena, tal como Tintoretto los concibió juntos para la Iglesia del Santísimo Sacramente de San Marcuola, que aloja este último cuadro.

Toda la exposición supone un deleite de belleza, fuerza y color, un regalo para nuestra mente. las explicaciones en texto, así como el audiovisual, colocan al visitante en el contexto adecuado a cada cuadro. Yo disfruté especialmente con tres cuadros:

La Última cena que pintó para la iglesia de San Trovaso, (1563), porque es un cuadro en el que la humildad y la pobreza de la escena cautivan la mirada del que observa. La mesa desplazada en diagonal al plano principal, el dinamismo de las posturas de los apóstoles, los claroscuros, los detalles de las sillas de enea, todo el conjunto hace que te creas lo que allí sucede, que te encuentres metido en la habitación, que pases de mero espectador a observador activo.

Susana y los viejos, (1555-1556), es cuadro que conocía, que se encuentra en el Museo Histórico de Viena, peroque se ha restaurado recientemente y ha conseguido revivir un cuerpo de mujer que destaca como poderosamente bien tratado, adimirándolo casi creo sentir su piel viva, en el ambiente de un jardín, mientras los viejos asoman en una esquina inferior del cuadro.

Su último Autorretrato, (1588), en el que el rostro austero, lleno de sabiduría deja ver arrugas en la frente y una mente viva, en ebullición constante.

Ánimo, a por ella, deseo que disfrutéis esta exposición. Merece muy buena nota.


Por cierto, ya sabéis que las fotos que cuelgo en el blog son siempre mías, pero éstas no estan tomadas de la realidad sino del catálogo. Era imposible hacer fotos, aún sin flasch, en la exposición. Perdón por la calidad.

domingo, febrero 18, 2007


ARCO 2007

La alegría que me produce la visita a ARCO es enorme. Mi cabeza acumula borrachera de colores, experiencias, sensaciones y la sonrisa de poder conocer lo desconocido aún me ronda varios días. Mis intenciones son siempre las mismas, empaparme de imágenes, conocer nuevas tendencias, asombrarme por la creación en estado plástico. Habréis deducido que mis expectativas no son las de inversora en arte, sino disfrutadora del arte. Un día entero, con calzado y ropa cómoda, dispuesta a absorber, exprimir, el lujo de conocer tendencias que de otra forma desconocería. Es país invitado este año es Corea y mi ciudad, Gijón, estaba muy bien representada en ARCO por la Galería Espacio Líquido.
He de deciros que este año encontré poca trasgresión plástica en ARCO. A la mañana siguiente de la visita, cuando aún colean las imágenes sin seleccionar en mi cabeza, he de destacar que he visto mucha impresión digital y multimedia, tal vez al 50% de toda la producción total. Quise encontrar que la responsabilidad por el medio ambiente había entrado en los artistas plásticos porque se apreciaba una especial presencia de árboles, naturaleza y bosque, en distintos soportes. Me sorprendieron muchos cuadros, algunos orientales, a base de telas de colores sabiamente combinadas, muchas pequeñas esculturas y objetos en estanterías de cristal y… especialmente me resultó inquietante la presencia de figuras humanas, tanto en pequeña figura como en multimedia y en pintura, colocados de “cara a la pared”, aislados y enfrentados a su propio silencio.
En ARCO siempre cuento con la oportunidad de visitar a algunos “clásicos”: Warhol, Picasso, Tapies, Chirino, Dalí, Barjola, Bacon, Mariscal, Eduardo Arroyo… y otros. Este año me ha gustado especialmente descubrir a los hermanos MP & MP ROSADO. Pasé algunos ratos observando su obra, el hombre atravesando la madera como barrera, o erguido en ella, sus cielos de mar azul, simetrías esperadas, tierra y cielo confundidos, mar y tierra trasvertidos, plásticas imágenes de un cierto sabor mediterráneo de gran impacto.

Ánimo, los de Madrid aún llegáis a tiempo.
La fotografía corresponde a la producción de MP &MP ROSADO en la Galería Pepe Cobo en ARCO 2007.